¿Mago por qué? Porque sí…

Diciembre 2010.

Durante estos 37 años de mi vida, he hecho muchas cosas (como dice todo el mundo, ¿no?), pero en mi caso es cierto, he tenido infinidad de hobbies, más de los que probablemente te puedes imaginar, pero éste, éste me ha encantado y me cautivó de manera especial.

Desde que era bien pequeño intenté por mis propios medios (y ya sabéis los medios que tenía un niño, es decir ninguno) y sin contar nada a nadie, aprender o averiguar como podía llegarse al mundo de la Magia, pero de una manera u otra, las decepciones eran la realidad. Os recuerdo que entonces no había internet, y todo mi afán era conseguir en una u otra biblioteca algún libro que explicara algo sobre este maravilloso Arte, y digo Arte con mayúscula porque a mí me parece que lo merece, y además porque como estoy escribiéndolo yo, pues lo pongo como me viene bien en este momento. Como te puedes imaginar todos los intentos fueron fallidos, ya que lo único que encontré fue algún libro en el que te explicaban algunos juegos con cartas de estos en los que solamente tienes que contar quince cartas, luego echarlas en tres montones, ver en que montón está la elegida y así varias veces hasta que al final…  vamos que no me gustaban estos juegos, aunque para aquella edad no estaban mal…

X años después (considérese  “x”  mayor de 15, more or less, como dicen los ingleses) en un centro comercial, descubrí que había un puesto de magia, donde todo aquel que quisiera podía comprar. ¡Increíble! pero así fue. Obviamente allí estaba Fer, pegado delante del puesto, observando todo aquel material que me fascinaba en mayor o menor medida. Al final decidí comprar varios artículos, y el señor que lo vendía, me explico lo que tenía que hacer para intentar que saliera lo que la gente llama, “el truco”, personalmente no me gusta esa palabra para definir El Juego, …creo que ha quedado claro, ¿no?.

Allí seguía yo muy atento a las indicaciones que me estaba dando el señor tendero, cuando se acercó una tercera persona, que decía ser Mago. ¡Vaya!, tanto el señor tendero, como Fer, se quedaron un poco así de aquella manera, ante dicha situación. Si se piensa no debe parecer extraña, pero claro, para mí si que lo fue. Ante las caras dudosas que nos debió ver, echó mano de una baraja que llevaba en el bolsillo y realizó unos cuantos pases mágicos y algo de manipulación, con lo cual nuestras caras mantenían el mismo gesto, pero nuestra mente decía: “pues va a ser que sí es Mago”. Me animó a acercarme por la Asociación Mágica Española (de la que formo parte como asociado desde aquel momento), y por supuesto allí aparecí una tarde, a ver que se cocía, o mejor, a ver que se manejaba.